Aquella mañana en París estaba tan tranquila que los tacones de mis dos compañeros y yo resonaban con fuerza en las aceras desiertas. Era una ciudad de tiendas cerradas, ventanas con barrotes y avenidas desiertas.
- Philip GibbsAquella mañana en París estaba tan tranquila que los tacones de mis dos compañeros y yo resonaban con fuerza en las aceras desiertas. Era una ciudad de tiendas cerradas, ventanas con barrotes y avenidas desiertas.
- Philip Gibbs