Es tan fácil desperdiciar nuestras vidas: nuestros días, nuestras horas, nuestros minutos. Es tan fácil dar por sentado el pálido brote de un árbol perenne, el brillo de la piedra caliza de la Quinta Avenida, el color de los ojos de nuestros hijos, la forma en que la melodía de una sinfonía sube y baja, desaparece y vuelve a subir. Es tan fácil existir en lugar de vivir. A menos que sepas que hay un reloj corriendo.

- Anna Quindlen